En Trufas del Abra, la cosecha es realizada con perros entrenados para detectar las trufas de la más alta calidad, garantizando una cosecha precisa y respetuosa con el entorno. Nuestros protagonistas son Ricky, un teckel de pelo duro, Beto y Lobo, dos bretones, compañeros fundamentales en cada temporada de cosecha para encontrar estas joyas enterradas.
Guiados por su olfato excepcionalmente agudo, los cerdos eran los compañeros perfectos en la búsqueda de trufas. Sin embargo, esta asociación tenía sus desafíos, ya que también tienen la tendencia de querer saborear la deliciosa recompensa, sumado al tamaño del animal y la dificultad para manejarlo.
La meticulosidad, inteligencia y la obediencia de los perros ofrecen una ventaja significativa, ya que son capaces de detectar las trufas sin el deseo de consumirlas. Para ellos, la recolección constituye un juego tras el cual reciben su recompensa.